Norita cumple 92 años y no hay letra que le haga justicia.
Fue la dictadura más cruenta de nuestra historia la que le arrebató a su hijo Gustavo, secuestrado y desaparecido en 1977, la que llevó a Norita a plantarse frente a policías e incluso meterse en un centro clandestino de tortura a buscar a su hijo, en un momento en que no hacer silencio ya ponía en riesgo cualquier vida.
Norita ha levantado más de un pañuelo (más de una lucha) a lo largo de toda su vida: por el aborto legal, por los pueblos originarios, por el femicidio de Lucía Pérez, por la absolución de Higui y en cuántas manifestaciones, charlas y batallas más la vimos caminando con firmeza y un pañuelo blanco.
La grandeza de Norita es contagiosa, marchamos atrás de ella, su respaldo da fuerza.
Norita es enorme, es madre de todas las luchas, Madre de Plaza de Mayo, madre de todxs.