Oídos sangrando (en el mejor sentido)
OÍR MORTALES | C ART MEDIA | DINOSAUR JR | INTERNACIONAL | recital

Oídos sangrando (en el mejor sentido)

Dinosaur Jr. se presentó por segunda vez en la Argentina y montó un show ensordecedor que dejó en claro por qué ellos son los padres del grunge.

Por Daniel Bajarlía
 

Cuando el cantante J Mascis definió el sonido de Dinosaur Jr. como “country de sangrado de oídos” muchos se lo tomaron a la ligera. Evidentemente no habían visto a la banda en vivo. La de ayer fue la segunda vez que el público porteño tuvo la oportunidad de sentir la explosión de sus tímpanos con la música del trío de Massachusetts, que este año cumplió 40 años de carrera. Quienes los vieron en su debut por estas tierras hace 12 años estaban advertidos y fueron con tapones, pero muchos cayeron desprevenidos, por más que las advertencias estaban a la vista -nada menos que en 12 álbumes de estudio- y salieron del C Complejo Art Media con zumbidos, pero satisfechos. Vamos, que si se pudiera elegir con qué perder la audición, la respuesta sería con un recital de Dinosaur Jr.

Cuando en 1991 explotó el grunge con Nirvana a la cabeza, para muchos era música que había salido de la nada. Sin embargo, en los 80 hubo toda una corriente de rock norteamericano que a partir del punk y del hardcore empezó a experimentar con los efectos de las guitarras y crearon una nueva variante de rock disonante y distorsionado, pero que a su vez tenía grandes melodías pop. Era como si estos artistas quisieran ocultar su lado sensible a base de ruido al mayor volumen posible. En esa nueva ola -más cercana a la no wave neoyorkina que a la new wave británica-, estaban Sonic Youth, Pavement, Hüsker Dü y, por supuesto, Dinosaur Jr.

A cuatro décadas de su fundación, el trío muestra sobre el escenario madurez y orgullo. Saben que a pesar de no haber alcanzado la masividad de sus discípulos grunge, han hecho un aporte invaluable a la historia del rock y que el público lo reconoce. Son, en definitiva, el grunge antes del grunge. Pero su influencia ha ido más allá de los 90 y se extiende hasta la actualidad, donde hay miles de bandas indie tomando elementos de su música. De hecho, el trío hizo un recorrido por toda su discografía, desde su debut, Dinosaur de 1985 (con “Gargoyle”), hasta Sweep Into Space de 2021 (“Garden”), y todo su repertorio suena fresco y actual, como si el tiempo no hubiese pasado.

A lo largo de los años lograron cosechar un puñado de clásicos que marcaron a fuego a una generación, como “Freak Scene”, “Start Choppin’” y “Feel The Pain”, que fueron festejados como si hubiesen sido grandes éxitos de FM. En realidad, en un mundo ideal lo serían, pero la mayoría de los mortales no puede soportar semejantes niveles de ruido, ni siquiera en canciones como “Little Fury Things”, accesibles para cantar pero con una guitarra que suena a un ejército de motosierras a punto de tirar abajo un bosque. Es comprensible, la puesta en escena es una torre de amplificadores que ya desde el vamos anticipa que el volumen será alto. Muy alto.

Para el cierre, Dinosaur Jr. apeló a su arma secreta: su visceral versión de “Just Like Heaven” de The Cure, que tiene una potencia que en 1989 asombró al propio Robert Smith. Tocarla ahora, a una semana del lanzamiento del primer álbum del grupo en dieciséis años y a un año de su último show en la Argentina, adquiere una trascendencia completamente inusitada.

En un mes en el que artistas como Smashing Pumpkins y Jerry Cantrell, histórico guitarrista de Alice In Chains, se presentan en Buenos Aires, haber tenido la posibilidad de ver a los artífices de ese sonido distorsionado no fue solamente un privilegio, sino una experiencia que podría calificarse como educativa, de esas que permiten comprender la historia del rock reciente, pero, por sobre todas las cosas, ensordecedora. Seguramente a los que fueron ayer todavía les zumban los oídos, pero deben andar sonrientes. El rock alternativo, como también lo demostró la reciente visita de Pavement, goza de buena salud y de una vigencia indiscutida.